Conte per treballar la resiliència: “Howard”

HOWARD

Adaptació del conte Howard, de’n James Stevenson, que explica la història d’un ànec que, tot i la mala fortuna, entoma les situacions amb actitud positiva i alegre.

És una història que ens pot ajudar a treballar la resiliència amb els infants.

Recomano dues manera d’utilitzar aquest recurs:

  • Per una classe telemàtica, passem en una pantalla compartida la presentació i anem explicant el conte nosaltres.
  • Inserim les imatges en un vídeo i afegim la veu en off explicant el conte, adequan el text a cadascuna de les imatges.

Aquí us deixo la presentació i el text del conte referent a cada diapositiva per tal de poder passar les imatges de la història explicant el conte amb la veu en “off”.

Presentació   ,     Text del conte

Conte: El WC del pastor

El   WC   DEL  PASTOR

En cierta ocasión una familia inglesa, pasaba unas vacaciones en Escocia, y en uno de sus paseos, observaron una casita de campo que de inmediato les pareció cautivadora para su próximo verano.

Indagaron quien era el dueño de ella, y resulto ser un pastor protestante, al que se dirigieron para que les mostrase la finca.

El propietario se la mostró. Tanto por su comodidad como por su situación fue del agrado de la familia, la que se quedo comprometida a tomarla en alquiler para su próximo verano.

De regreso a Londres, repasaron detalle por detalle cada habitación y de pronto la esposa recordó no haber visto el W.C. Dado lo prácticos que son los ingleses, decidió escribir al pastor, preguntándole por ello en los siguientes términos.

«Estimado Pastor, soy miembro de la familia, que hace unos días visito su finca con deseos de alquilarla para nuestras próximas vacaciones y como omitimos enterarnos de un detalle, ruego nos indique mas o menos donde queda el W.C.» Finalizo la carta como es de rigor, y se la envió al pastor. Al recibirla el pastor, que desconocía la abreviatura de W.C., creyendo que se trataba de una Capilla a su cuidado, que se llamaba, White Chapel, contestó a la señora en la siguiente forma:

«Estimada señora: Tengo el agrado de indicarle que el lugar al que Vd. se refiere, queda solo a 12 Km. de la casa, lo cual es molesto, sobre todo si se tiene costumbre de acudir con frecuencia; para facilitarlo y con el fin de aprovechar el viaje y la estancia algunas personas llevan la comida y permanecen allí todo el día. Algunos viajan a pie y otros en trenes con la esperanza de llegar puntuales. La primera vez hay que esperarles: ya saben lo molesto que es llegar nuevos a un sitio, que todo el mundo te clave la mirada, por llegar tarde; y lo peor sería que se perdieran por el camino.

La entrada se reconoce por las imponentes escaleras y una única puerta característica, adornada por los símbolos habituales. A la entrada se les da un papel a cada uno. Hay veces que no llega para todos: es entonces cuando los fieles deben compartirlo con su compañero de al lado. Debemos siempre recordar a más de uno que no deben llevárselo a casa, puesto que usamos los mismos papeles en todas las ceremonias del mes.

El lugar es amplio y tiene grandes espacios y jardines. Las vistas son preciosas. Hay sitio para 400 personas sentadas y 100 de pie. Los asientos, reservables para VIPs, están forrados de terciopelo púrpura. El lugar tiene aire acondicionado para evitar sofocaciones. Aunque hace falta cierto esfuerzo para participar en este servicio, soy testigo presencial durante 30 años de que éste ha ayudado a muchos feligreses en su vida diaria.

Los niños se sientan juntos y cantan a coro, haciendo diferentes voces. Todo lo
depositado allí, se usa para dar de comer a los pobres del Comedor Social.

El año pasado, debido al número creciente de participantes en el servicio tuvimos que contratar un servicio de limpieza. Son expertos y eficientes y en un cortísimo espacio de tiempo limpian la suciedad con la máxima satisfacción de los feligreses.

Se recomienda llegar temprano para reservar asiento. Mi vecina, por no hacerlo así, hace unos años, tuvo que soportar todo el acto de pie y desde entonces no viene al servicio.

Hay fotógrafos especiales que toman fotografías en diversas posiciones las cuales serán publicadas en el diario de la ciudad, en la sección VIDA SOCIAL, así el publico podrá reconocer a las altas personalidades en actos tan saludables como éste».

Así terminó la carta. Los Ingleses al recibirla estuvieron a punto de desmayarse a pesar de toda su flema y decidieron cambiar de lugar de veraneo.

AUTOR: anònim

Conte: “La aventura de la cueva”

LA AVENTURA DE LA CUEVA

Una vez dicen que dijeron que había…

 

Una vez dicen que dijeron que había, dos hermanas que se llamaban Nuria y Alba. A las dos les gustaba mucho vivir grandes aventuras y, de vez en cuando, se escapaban de casa para hacer de exploradoras en el bosque.

Un día, durante una excursión que la escuela organizó por los aledaños de su aldea, divisaron en el bosque una cueva misteriosa. Se acercaron para ver que había, pero los profesores les riñeron y tuvieron que volver.

Por la noche, cuando se fueron a dormir, Núria le dijo a Alba que le gustaría escaparse un día para ver lo que había en la cueva.

A la mañana siguiente se despertaron un poco más temprano y decidieron ir a la puerta de la escuela . En la puerta había otros niños, y Alba y Núria les explicaron la cueva misteriosa que habían visto y todos sintieron muchas ganas de ir. Entonces, Alba dijo:

– A lo mejor si lo deseamos todos con muchas fuerzas podemos ver lo que había dentro de la cueva.

Cerraron todos los ojos pensando en la aventura de la cueva misteriosa, y de pronto oyeron un gruñido estremecedor….

Al abrir los ojos, por arte de magia estaban delante de la cueva. Todos se quedaron petrificados, entre asustados y desorientados. De pronto, el gruñido volvió a sonar, y Núria señaló la puerta de la cueva:

Era un oso pequeñito que gritaba porque se había clavado una astilla en una pezuña y…., se quejaba!

– Que dolor, como me duele!

Todos los niños decidieron acercarse, y Alba, la más valiente, se acercó y de un tirón le quitó la astilla al osito.

El osito saltaba de alegría y no paraba de dar abrazos a Núria, Alba y a todos los niños. Todos estaban muy contentos en la puerta de la cueva cuando de pronto

-GRRRRRRRRRR …

Un rugido estremecedor mucho más grave sonó de dentro de la cueva, y salió un oso gigantesco haciendo aspavientos con las garras:

– Qué le estáis haciendo a mi hijito…humanos malvados, os voy a comer a todos!

Los niños se morían de miedo, Alba lloraba, Nuria gritaba, Carlitos se escondía…

Pero el osito pequeño le dijo a su padre lo que había sucedido, que eran sus amigos.

Papa oso, en agradecimiento, les invitó a entrar en la cueva y les dejó pasear por dentro, i finalmente vivieron una gran aventura por aquel laberinto de cuervas. Cuando salieron de la cueva ya era casi de noche y Alba dijo que tenía mucha hambre. Entonces, Papa oso les trajo unos tarros de miel enormes y todos los niños comieron hasta hartarse…tanto, que quedaron dormidos sobre la hierba.

Sonó el despertador, y entonces Alba despertó y se dio cuenta que todo había sido un sueño. Despertó a Núria y ella dijo que también había soñado lo mismo.

Emocionadas por la aventura que habían vivido en sueños, llegaron a la escuela y …sorpresa, todos los niños habían soñado lo mismo. Fue entonces cunado Núria le dijo a Alba:

– Alba, que es eso que tienes en la mejilla….Es miel!!!!!!

Esto es verdad y no miento

Como me lo contaron, así lo cuento

Si no fue por un camino, fue por otro

Y si este cuento te gustó, mañana te cuento otro.

J.B.            

(Novembre de 2011, dedicat a l’Anna i la Laura, incansables escoltadores de contes)

Conte: “Un joc terrorífic”

Un joc terrorífic

Quan era petit, no existien els telèfons mòbils ni els ordinadors. És més, en alguns barris la majoria de les cases no tenien telèfons. Era molt comú que els veïns deixessin els seus aparells i fins i tot que rebessin les trucades a casa dels seus veïns propers.

Aquests telèfons eren grans, de color negre. Tenien un disc giratori al davant on estaven tots els nombres del zero al nou. Per fer una trucada calia col·locar el dit en el nombre corresponent i fer girar el disc fins al topar, nombre per nombre.

Les trucades equivocades eren freqüents. Tampoc quedaven registrades les trucades i el contestador automàtic no s’havia inventat. Eren uns altres temps…

Això va passar en aquests temps.

La Núria i l’Alba eren amigues, quasi com germanes, i els agradava molt jugar juntes. Es disfressaven, un dia es convertien en cuineres, un altre en mestres i un altre en infermeres. La veritat és que les dues noies s’entretenien sense molestar i sense barallar-se durant hores.

Per aquesta raó, un dia els seus pares van decidir anar plegats al teatre i deixar a les dues nenes jugant a casa dels Feliu, pares de la Núria.

A casa dels Feliu, les nenes se sentien segures: coneixien tots els veïns, sabien comportar-se i mai van tenir problemes, així que estaven ansioses per viure una nova experiència quedant-se soles per dues o tres hores.

Les noies estaven contentes i en certa manera es van sentir grans.

Van deixar les nines i van començar amb el tema maquillatge utilitzant les pintures i les ombres d’ulls que van trobar. Després es van llimar les ungles i es van aplicar diferents tons d’esmalt.

Mentre estaven tan dedicades jugant a la manicura, l’Alba va veure la Guia Telefònica i va començar a llambregar-la buscant cognoms que li causessin gràcia. Així van descobrir cognoms com a Gall, Gros, Esparver, Castillo, Rojo, etc. I no paraven de riure imaginant acudits graciosos.

La Núria era la que més gaudia. De sobte va dir:

– Truquem a veure què responen?

I es van col·locar totes dues al telèfon amb un somriure còmplice…

Van començar a apuntar els noms i els nombres dels destinataris de les seves bromes, i finalment l’Alba va fer-se enrere:

– La meva mare em castigarà!

La Núria, sense donar-li temps ni per respirar:

– La Mamà no s’ assabentarà tret que algú li digui – i va agregar – Espero que tanquis aquesta enorme bocassa… promet amb la mà al cor que no li explicaràs- va dir solemne.

– Ai, -va dir l’Alba – deixa’m tranquil·la que no diré res.
No! Va -dir la Núria- ho has de prometre!
Està bé. Ho prometo – va contestar l’Alba en un murmuri.

Una vegada aconseguit el solemne jurament de l’Alba, es van disposar a fer les trucades corresponents: al Senyor Gall li van preguntar per les seves gallines, al Senyor Gros li van oferir una dieta, al Senyor Esparver li van oferir una gàbia, al Senyor Castillo li van oferir mudar-se a un ranxo, a la Senyora Rojo li van preguntar què pensava fer aquest any que estava de moda el blau i així van continuar sense parar de riure, anotant els seus destinataris i els diferents insults que rebien de les seves víctimes innocents.

El joc va ser molt divertit, i fins i tot l’Alba, que en un principi no ho veia gaire clar, participava amb entusiasme suggerint noves bromes.

Aquest passatemps del telèfon havia resultat un èxit. Era la primera vegada que rebien insults de semblant magnitud i els feien mal les mandíbules de tant riure.

Mentre apuntaven una nova llista de víctimes i proposaven els missatges va sonar el telèfon.

Núria, la gran, va respondre pensant que eren els seus pares per controlar-les:

– Hola! Hola!- va dir calmada. De l’altre costat se sentia música clàssica.

– –Hola! Hola! Va tornar a repetir…

Però de l’altre costat només s’escoltaven els acords d’un violí llunyà.
Va tallar i van seguir preparant el seu joc.
Quan es disposaven a començar el seu “joc telefònic”, en aixecar el telèfon no van escoltar el característic to sinó una respiració forta i sonora l’auricular.

– Hola!- Va repetir la Núria i fent-li senyals a la seva amiga perquè guardés silenci.

Li va passar el telèfon a l’Alba perquè escoltés també l’estrany so. Però aquest es va tornar en una riallada fragorosa i desconeguda. Era la veu d’un home:

– Hola! – Va cridar la Núria.

De l’altre costat un llarg silenci i després una veu greu i espessa li va dir murmurant:

– Sé que esteu soles!

La Núria va penjar el telèfon tremolant de por i va comunicar el missatge a la seva amiga.

– Ens està mirant! – va balbotejar l’Alba.

L’alba va començar a plorar i la Núria la va abraçar per calmar-la, tot i que ella també estava molt espantada.

– Apagarem el llum! – va dir l’Alba .

I amb la velocitat d’un tro van apagar tots els llums de la casa fins quedar-se a les fosques. Després, van treure el cap per la finestra per escodrinyar els departaments veïns , intentant no plorar per tal de no fer soroll.
De sobte van escoltar el so de l’ascensor que arrencava. Van córrer a posar l’oïda contra la porta i van posar el baldó, contenint la respiració…

– La butaca! – va murmurar la Núria.

Entre ambdues van empènyer la pesada butaca contra la porta, però enmig de la foscor, els nervis i el plor que ja no podien amagar, van tirar per terra tot un seguit de gerros, lamparetes, quadres i altres objectes del menjador. Les fustes de la porta van cruixir amb el cop de la butaca, i de fons s’anava sentint el so de l’aigua continguda en un gerro de flors que va caure sobre la catifa…Però van aconseguir córrer la butaca i se sentien fora de perill.

Les dues amigues es van asseure immòbils sobre la butaca en mig del silenci i de la foscor. La Canyella, la gata miolava, i com si sabés el que estava passant es va arraulir en els braços de la Núria, la seva propietària.
Van desitjar que els seus pares arribessin a rescatar-les i mai els minuts els van semblar tan llargs.
El telèfon negre era l’únic objecte que romania en el lloc de sempre i cap s’animava a tocar-lo. Però de cop, va tornar a sonar, enmig de la foscor, i l’Alba i la Núria van arrossegar-se per terra fins a la tauleta, el van agafar i van posar les dues orelles a l’auricular… Llavors, un fort soroll les va deixar mig estabornides a terra.

Poc a poc van anar recuperant l’alè, i la Núria va obrir els ulls la primera. Confosa, es va acostar poc a poc a la seva amiga Alba, i mirant al seu voltant sense entendre res.

L’Alba també va obrir els ulls, i mirant al seu voltant, van adonar-se amb horror que estaven dins una gàbia feta amb canyes, enmig d’un pilot de fustes, i rodejades d’un munt de persones amb torxes i cridant.

– A la foguera! Que cremin a les bruixes! – cridaven uns homes que estaven més a prop.

La Núria es va adonar de seguida que això li resultava familiar, i mirant una mica més enllà, va veure com s’acostava un senyor gros, barbut, amb una torxa encesa a les mans i amb cara de males intencions…

– Ai, Núria – digué l’Alba – Sembla que ens rostiran com un conill!

– No et preocupis Alba, no sé què ha passat, ni on som. Però hem de sortir d’aquí com sigui.

Les fustes que hi havia sota la gàbia van començar a cremar, i la gent cada vegada cridava més.

La Núria, li va semblar que coneixia a algunes persones de la multitud…, sí, eren els seus pares que cridaven, amb una forca i una destral amenaçadores contra elles. Ella els va cridar, va demanar socors, però aviat va comprendre que no la sentien amb el soroll, ni la reconeixerien amb el fum, havien de fugir d’allà si no volien acabar cremades. Morta de por, l’Alba es va arraulir a terra resignant-se a morir cremada, mentre l’olor de socarrim ja embrutava un aire que no es podia respirar… Però:

– Ei!, què és això? – va dir l’Alba, agafant una clau antiga rovellada que va trobar a terra.

– Ostres Alba, em sembla que has trobat la clau d’aquesta presó! Deixa’m provar a veure si obre el pany.

– Sí, sí, s’ha obert, però si sortim d’aquí ens trinxaran aquests babaus que criden!

– No et preocupis Alba, que amb el fum podrem sortir d’aquí en un tres i no res.

I totes dues van començar a córrer pel bosc cames ajudeu-me, fins que van arribar a un petit riu i es van amagar sota uns troncs. Totes dues, esgotades per la fugida, es van quedar adormides, preguntant-se quin sentit tenia tot això que els estava passant.

Els primers rajos de llum van despertar l’Alba, que es va amagar sota un tros de roba. Poc a poc, va anar traient el cap, i va comprovar que estava al menjador de casa la Núria, amb la Núria al costat, totes dues dormint al sofà com si res. Sense esperar ni un segon, va despertar la Núria a crits:

– Núria, Núria, he tingut un somni espantós!

– Hola Alba…Però, què fem aquí?, on estem?…vull dir, on estàvem ahir que ens volien cremar?.

– Però…, tu també has somiat el mateix que jo, que ens cremaven i…

– Ostres, com pot ser això?. Bé, de fet és igual. He passat una por terrible!

De cop, començà a obrir-se la porta del menjador, i totes dues van estirar-se a terra per amagar-se sota la taula.

– Però què feu? – va dir la mare de la Núria

– Ah!…Hola mama, és que…, bé, ens hem espantat.

– No passa res, heu dormit bé? Jo he dormit fatal. Ahir vam veure una obra de teatre d’unes bruixes que cremaven una illa deserta i…bé, no us vull espantar. Voleu venir a esmorzar?

La Núria i l’Alba es miraven i no entenien res. És possible que somiessin amb l’obra de teatre que van veure els pares? De cop, l’Alba es va quedar quieta, blanca, tremolant…

– Què et passa Alba? Estàs Bé?

– Va treure la mà de la butxaca, i va mostrar a la Núria el que acabava de trobar… una antiga clau rovellada.

Vet aquí un gos, vet aquí un gat, aquest conte s’acabat.

Vet aquí un gat, vet aquí un gos, aquest conte s’ha fos.

J.B.

Octubre del 2011

Sense tu…

Sense tu

Em dic Llorenç i sóc un alumne de tercer curs d’una escola de Sant Feliu de Codines, un petit poble situat al costat de Barcelona, molt a prop de les muntanyes.   Aquest curs que ja s’acaba ha estat molt especial per mi. He hagut de treballar molt però també m’ho he passat molt bé.  Tinc una mestra que es diu Gina, i ja el primer dia ens va dir que hauríem de fer un projecte d’investigació molt interessant però molt difícil. També ens va dir que si no ens hi esforçàvem tots, no podríem acabar-ho. Recordo que em vaig posar molt nerviós. Jo no sabia molt de mates, tampoc podia llegir molt bé perquè se m’ajuntaven les lletres, i vaig pensar que potser no podria ajudar en aquesta tasca tan difícil. Ah!…, i a sobre, el tema que van escollir per investigar era d’allò més estrany:

“…On té la llavor el plàtan?…”

Quan tenia cinc anys, els meus pares em van portar a un metge perquè deien que no els escoltava… Bé, la veritat és que no m’interessava gaire el que deien i potser per això s’enfadaven.  El cas és que aquells doctors li van dir als meus pares que jo era un nen molt especial, i que havien  estat molt de sort de tenir-me. (Això ja ho sabia jo, només m’ho havien de preguntar).  Tot i així, els meus pares no van parar d’atabalar-me , sempre fent preguntes absurdes: quina lletra és aquesta, de quin color és això, repeteix aquestes paraules, fem aquest puzle…, que pesats!  Per què em preguntaven coses que ells ja sabien?

Jo només volia  observar les coses que són importants: el color dels cabells de la mare, com es mouen les fulles quan fa vent,  ordenar les coses perquè no es perdi res, repetir sorolls per escoltar com sona diferent cada vegada que ho fas…, trencar paperets en trossos molt petits, cantar la cançó que més m’agrada en veu alta…,es a dir, les coses més importants. Ah!, i dibuixar, dibuixar les coses que m’agraden perquè no se m’oblidin. Sabeu?, tinc una carpeta amb cent dibuixos tots iguals. És el meu tresor.

El primer dia que vam començar el projecte del plàtan va ser una mica estrany. Els meus companys van començar a fer-se tot de preguntes de plàtans, de plataners, de gent que menja plàtans, que si la pell és groga, que si els micos en mengen, etc. Jo estava amb els meus dibuixos a la meva taula sense parar gaire atenció, però es veia que tots estaven molt contents de parlar de plàtans… pobrets, realment, de vegades les coses que fem a l’escola són ben ridícules.  En aquell moment, la mestra es va acostar i em va agafar el dibuix que estava fent de la meva família. Es va fer un gran silenci, i vaig aixecar el cap. Era molt alta, i quan la mirava des de la taula em feia mal el clatell. Per això  em posava dret per mirar-la, però ella sempre deia el mateix:

–          Llorenç, cul a la cadira,  si no et quedaràs dret!

Dons bé, que me la tregui si vol!, però jo no penso agafar mal de clatell perquè ella sigui tan alta…, home!

El cas és que es va mirar el meu dibuix, en silenci. Jo vaig preguntar:

–          Què passa?

–          Doncs res…, estic mirant aquest dibuix tan bonic.

–          Ah!

–          Per què sempre dibuixes la teva família.

–          M’agrada.

–          No t’interessa el que estem fent.

–          No m’agraden els plàtans.

–          Però no vols ajudar.

–          Jo no ser fer res…, i menys de plàtans.

Però la mestra seguia mirant el dibuix…., potser no veia bé?  Pobreta!  Finalment em va dir:

–          Escolta Llorenç. Els teus companys i jo tenim un problema molt greu, i crec que sense tu no podrem resoldre la gran pregunta d’aquest projecte. Voldries ajudar-nos?

–          Qui … jo?  No!

–          No?

–          No…No,no.  No!

–          Però per què?

–          Jo no sé res de plàtans, ja li he dit, no sigui pesada!

Un company de la classe, potser el més pesat de tots, el Cristian, es va acostar i em va agafar també el dibuix per mirar-se’l.  També li donava voltes al paper i se’l mirava del dret i del revés…

–          Què mires?

–          És preciós Llorenç, ets un gran artista.

–          No te’n burlis que et clavo una plantofada eh!

En aquells moments me l’hagués menjat. Per què havia de burlar-se? Ell ho feia tot molt bé. Jo mai sabia les coses… Però de sobte, va passar una cosa estranya.  Es van aixecar tres nens més de la classe i venien cap a mi. Pensava que venien a pegar-me i em vaig aixecar… A més, la mestra reia i no els deia res. La vaig mirar i li vaig dir:

–          Serà bruixa!, deixaràs que em peguin?

–          No Llorenç no, no et volen pegar. Escolta’ls.

El més lleig de tots, el ganàpia del Robert, també va agafar el dibuix… vaig pensar “un  altre!” , no si…

–          Escolta Llorenç. No ens en burlem. Dibuixes molt i molt bé, i et  necessitem per fer el nostre projecte.

Aquelles paraules em van agradar…, no sé si les havia sentides mai, “…et necessitem…”. Vaig seure a escoltar, tot pensant que si es passaven el més mínim plantofada cap aquí i plantofada cap allà. Llavors va venir també la Rita a dir la seva, una noia més aviat tímida que era molt llesta (bé, això deia ella, perquè de fet ni se sabia els noms dels personatges de Bola de drac Z…, imperdonable!). Com no, també es va mirar el dibuix…

–          Mira Llorenç, estem buscant informació per resoldre totes aquelles preguntes del primer dia, te’n recordes?

–          Sí…, si no les haguéssiu fet no hauria de buscar respostes. Sou uns rucs.

–          Potser sí, Llorenç, tens raó. Però una vegada ens hem fet aquestes preguntes, tenim curiositat per saber que passa amb tot allò dels plàtans. Sobretot amb la llavor del plàtan.

–          I que puc fer jo? Jo no sé res.

–          Ningú no ho sabem, nosaltres tampoc.

–          I doncs?

–          Però hem pensat en investigar-ho molt per buscar respostes i explicar-les a tota l’escola perquè no es facin les mateixes preguntes.

–          Les del plàtan?

–          Sí, les del plàtan.

Llavors va tornar a parlar la mestra, la Gina…, ja era hora. Aquells beneïts només feien rodolar el meu dibuix i no acabaven d’explicar-me el que em volien dir, ja m’estava posant nerviós. Em va agafar el dibuix, un altre cop, però li vaig treure de les mans.

–          Ja està bé amb el dibuix…, doneu-me’l, és meu!

–          Espera Llorenç – va dir la mestra – . Sense tu no ho podem fer. Per poder explicar la nostra investigació als petits de l’escola haurem d’ensenyar dibuixos de totes les coses que hem trobat als llibres, a l’ordinador, als començos, a casa nostra…

–          Voleu que dibuixi plàtans?

–          Només tu pots fer-ho tan bé que s’entengui el que volem explicar. Ja et dic, si tu no ens ajudes, no ho podrem fer…, pensa-t’ho.

Vaig agafar el meu dibuix i vaig seguir pintant els pantalons del pare. Per pensar allò que m’havien dit, necessitava pintar…, ah!, i cantar.   Aquelles paraules se’m repetien al cap: “…sense tu no ho podem fer…”. M’agradaven. Potser no estava tan malament pintar plàtans…, és a dir, no ens els podrem menjar però… Potser sí que els pintaré.

Dit i fet, em vaig passar molts dies amb els meus companys buscant plàtans a tot arreu. Al principi era una mica ridícul, però això d’estar amb ells, de fer alguna cosa diferent, em va agradar molt. Sí, m’agradava.   Vaig pintar molts plàtans i alguns dibuixos més complicats dels llibres. Els meus companys deien que estaven aprenent molt de les coses que hi havia dins dels plàtans… Bé, no els vaig voler dir res perquè semblaven contents, no els volia fer enfadar, però tothom sap que dins del plàtan només hi ha doncs…, això, plàtan!

Ara s’acaba el curs. Hem fet molta feina i està exposada per tota l’escola com si fos un trofeu. Dibuixos, esquemes, murals, etc, tot de plàtans dibuixats i explicacions per tot arreu. I és curiós, potser la mestra volia que jo aprengués alguna cosa d’aquesta fruita  però, realment, el que va passar va ser que la vaig avorrir, mai més en menjaré!

Però hi ha una cosa que sí ha canviat, tot i que penso que ella, la mestra,  no se n’ha adonat. Ara fem més coses junts els meus companys i jo. Ja no necessito dibuixar la família tant sovint per tenir-la davant, ni cantar tan fort per sentir-me la veu. M’agrada estar amb els companys, els dibuixo també amb ells i escolto les coses que diuen. Llàstima que la Gina no se n’hagi adonat de tot això. Sabeu què, em sembla que li escriuré una carta  que digui:

–          Gina, en el futur, si vols que els teus alumnes aprenguin a fer coses junts, estudieu els plàtans.

Llorenç

 …………………………..

Jordi Bermúdez Martos

23 d’abril de 2012

El tacte d’un llibre m’ha fet lliure

     El tacte d’un llibre m’ha fet lliure.

Narració inspirada en la història del Daniel, un noi de 42 anys que ha estat una víctima més del mal ús de les xarxes socials.

Cal reflexionar, doncs, sobre la importància de la competència digital dels nostres alumnes, perquè una bona educació en aquest àmbit posarà les noves tecnologies de la informació i de la comunicació al seu servei, i no pas a la inversa.

El tacte d’un llibre m’ha fet lliure

Mentre pujo el cim, a la recerca d’aquell racó muntanyenc que em retorna a la infantesa, vaig sentint tots aquells petits detalls de natura que t’impregnen l’ànima sense que te n’adonis. Entre esbufecs, vaig guanyant la batalla a la majestuosa muntanya del Vinyamal, convençut que a dalt trobaré la pau que ja fa molts dies que vull que em retorni a la vida, que m’ajudi a viure de nou a la realitat que els maleïts ordinadors em van treure fa un any.

Tot va començar amb una gran tragèdia, un incendi que, un any després de passar per la vicaria, va arrasar la meva llar com un tsunami . Recordo que quan vaig veure la casa no podia ni plorar, tota la meva història cremada, els meus ocellets estimats ofegats pel fum, i la Marta i jo sense un duro. Encara m’esgarrifo quan miro les fotografies que va fer la policia.

Però d’aquell entrebanc se’n va ocupar l’assegurança, que va fer tot el pis nou i a sobre ens va pagar més de cinc mil euros d’indemnització. Va ser llavors quan vaig decidir comprar-me el meu primer ordinador, un Pentium-75 amb 4 Mb de Ram. Ben bé no sabia perquè servia aquell aparell, però aviat vaig aprendre a fer-lo servir i vaig descobrir tot un món virtual de xarxes socials en les que tot s’hi valia. Em vaig enganxar de tal manera que els contactes a Internet van començar a monopolitzar tota la meva atenció i tot el meu temps .

Aviat, vaig començar a no sortir els caps de setmana, a dormir molt poc, i em vaig convertir en un personatge fictici de les xarxes socials amb tota mena de característiques falsificades que enamoraven els internautes. M’agradava, em feia sentir gran ser un dels usuaris de Facebook i Twitter amb més contactes, i el tema va degenerar amb l’ús del mòbil en situacions quotidianes; es tractava de mantenir el contacte amb les xarxes socials en tot moment.

Primer va ser la feina, em van acomiadar per baix rendiment. Després, la Marta, farta de les meves excentricitats fantasioses, simplement va marxar. I sense sentir pràcticament res, vaig seguir en el meu regne virtual cinc anys més, fins caure malalt de desnutrició ara fa un mes. Em van ingressar amb una insuficiència renal severa i de que no m’hi quedo, em va anar de ven poc.

Mentre em recuperava, un dia va aparèixer la Marta a l’hospital. Estava molt maca, semblava una fada baixant del cel. Només em va dir que m’estimava, em va donar un petó, i em va regalar un llibre amb un títol curiós, La pell freda. Em va dir que me’l llegís, que potser comprendria com un home es pot perdre dins la seva ment deixant de banda tot allò que era abans.

Avui, mirant les muntanyes del Pirineu aquí on ningú em pot veure, se m’escapen les llàgrimes enyorant la Marta, els companys de la feina, i tot el món que un simple grapat de bits va fer esvair-se com el fum del meu pis cremat. Demà, quan arribi de nou a la civilització, vull viure tot allò que vaig aparcar encara no sé per què. Vull tenir la vida real que un dia vaig deixar escapar.

Jordi Bermúdez

(29/12/2011)

El perfum dels altres

“El perfum dels altres”

Fa uns anys, vaig tenir el privilegi de poder gaudir del discurs d’un gran filòsof contemporani, Alexandre Jollien. La seva visió del món va esdevenir per mi un nou paradigma de com les persones amb discapacitat viuen el dia a dia.

Un dels seus llibres, Elogi de la feblesa, esdevé una lectura necessària per a qualsevol persona que tingui relació amb el món educatiu (i molt recomanable per a la resta), perquè la seva visió renovadora de les discapacitats ens ajuda a entendre les nostres pròpies mancances. Aquest petit llibre filosòfic, amb la figura de Plató al rerefons, va ser la meva font d’inspiració per escriure aquest relat:

El perfum dels altres

Avui és un d’aquells dies per pensar, mirar enrere i trastejar la bossa dels records. Assegut a aquesta cadira de la sala d’actes, puc imaginar-me la cara de satisfacció de tots els meus companys, alguns més coneguts que altres, que al llarg d’aquests darrers anys han estat el meu suport i a la vegada el meu projecte. Recordo que la mare patia quan vaig decidir estudiar a la universitat. Sempre deia que ho tindria més difícil que els altres, que no valia la pena enfrontar-se amb una gesta impossible. Realment, m’ho vaig arribar a creure. De vegades em plantejava si la meva presència no seria un destorb pels professors i per a la resta de companys.

El primer dia, mentre pujava les escales de la facultat, les veus es confonien amb el vent de mestral. Hi havia tot de nois i noies que reien i s’explicaven històries d’estiu. Es respirava un ambient confús de perfum, com si s’haguessin trencat molts flascons d’olors diferents. Estava clar que hi havia nervis i confusió, dos situacions que a mi no m’ajudaven gaire. Vaig notar com alguns companys xiuxiuejaven, em sentia assenyalat, però ningú va gosar acostar-se a dir-me res. Com vaig poder, preguntant a tort i a dret, vaig aconseguir arribar a l’aula assignada i vaig seure a una cadira. Hi havia molt soroll, veus que anaven i venien, alguna empenta i tendres salutacions maquillades de mala educació. Una noia parlava despectivament dels seus pares, una altra explicava que el seu maleït promès l’havia deixat, un parell de nois no deixaven pedra sobre pedra parlant dels professors…, en definitiva, un ambient d’allò més enrarit.

Finalment, algú es va dignar a apropar-se per preguntar-me el nom. Ell es deia Pau, i em va preguntar si m’agradava la cadira…, no vaig entendre què volia dir, encara que el seu to irònic no em va agradar gens. Aviat vaig descobrir el per què d’aquelles rialles amagades de complicitat. De cop i volta, un rebombori de cadires va precedir un silenci sepulcral. El professor, que acabava d’entrar a l’aula arrossegant els peus, amb aquella olor característica a naftalina dels armaris vells, em va dir molt amablement que estava assegut a la seva cadira. Molts companys de classe van esclatar a riure, confonent-se els comentaris de burla amb els de compassió, però el professor els va fer callar bruscament. Després, amb la mà a l’espatlla, em va acompanyar al meu lloc. Només em va dir una frase a cau d’orella:

– No pateixis, potser entre tu i jo podrem fer alguna cosa amb aquests babaus.

Aquelles paraules del meu professor, m’han acompanyat al llarg dels estudis. És possible que jo necessités més ajuda que els altres però, els meus companys, aquells que se’n burlaven, també necessitaven que algú els ajudés, potser algú com jo. I aquesta simbiosi de construcció mútua va fer d’aquells joves el meu projecte, la meva passió, la força que m’ha fet lluitar amb entusiasme dia rere dia. Potser Déu m’havia privat de la vista, de la bellesa que els artistes impregnen als seus quadres, de la puresa que transmet la mirada d’un nen i de tantes i tantes coses que m’acaronen cada dia, invisibles davant els meus ulls. Però també és cert que em va donar el privilegi de sentir coses que, tot i tenir els ulls oberts, sovint passen desapercebudes: el neguit del que pateix, l’alè del que et vol ajudar, el silenci de qui et comprèn, la suavitat d’una mà que t’acompanya, la calidesa d’una paraula afable, la fragilitat de la incomprensió, l’amistat, la tendresa … És aquesta incapacitació, que em limita i em margina, la mateixa que m’omple l’esperit.

I aquí estem, a punt de rebre aquell diploma somiat que ens obrirà les portes d’una nova vida. La respiració de la mare, emocionada, té aquell aire de satisfacció que t’impregna l’ànima. Els meus companys, el meu projecte, aspectants per l’acte, m’encoratgen per pujar a l’escenari. De sobte, sento com la mare em deixa anar la mà, com sona el meu nom pels altaveus. Els aplaudiments s’apoderen de l’ambient i em guien al meu destí. Després, el silenci, un silenci que m’ofereix el moment d’aquell discurs que tant hem practicat però…, no em surt. Aquell confús perfum del primer dia, ara, em sembla la més bonica de les fragàncies. Només puc dir:

– Gràcies.

Jordi Bermúdez

(3/4/ 2011)

Quan les coses prenen sentit…

Dedicat a la Roser, mestra de primària a Sabadell. Amb ella vaig aprendre que, després de 34  anys d’exercir la docència,  es pot mantenir la vocació per aquest ofici amb la mateixa il.lusió (o més!) que el primer dia.
Aquesta narració eix del sentiment i la passió vers una professió estimulant, màgica.

Elogi del darrer dia

Ja fa estona que vaig voltejant entre els secrets del meus llençols. Avui és un dia especial, estrany. Arraulit sota el coixí, em venen records i imatges de moments passats, alguns tristos i d’altres emocionants. Estic molt content que hagi arribat aquest dia però, només el fet de pensar que demà no caldrà que hi vagi, em fa sentir una buidor indescriptible. Finalment no puc esperar i li trec protagonisme al rellotge, em llevo disposat a emprendre el moment tan esperat.

Escollir la camisa és tot un ritual. Ha de ser perfecta, que doni una imatge elegant però propera, ni massa formal ni massa desdibuixada. Cercant entre els racons del vell armari, he trobat un mocador que portava al coll el primer dia que vaig anar a treballar. Recordo que vaig anar a comprar-lo especialment per causar una bona impressió, i al Carles Girbau li va agradar tant que no parava de tocar-lo.

Quant de temps ha passat, quants grans moments, quantes il·lusions avocades, quantes llavors convertides en majestuoses plantes. Sempre he pensat que he aprofitat molt el temps però, a la meva feina, mai saps del cert si podries haver fet més, si vas esforçar-te prou. La collita que jo he conreat triga tant a donar fruits que de vegades manquen les forces per seguir endavant.
Avui vull anar caminant, tinc temps. Així podré pensar què els diré, què faré, com els sorprendré. A més, fa temps que no puc gaudir dels petits detalls que passen cada dia pel meu costat. Tantes presses, sempre lluitant per no arribar tard, per tenir més temps… Per sort, a partir de demà podré dedicar-me a observar la vida sense córrer, a fer totes aquelles coses que mai he tingut temps de fer, que sempre he guardat al calaix de sota.

Mentre m’acosto al carrer del centre, al costat del teatre municipal, ja puc veure l’antic edifici de la Casa Turull. Ja només falten dos carrers per arribar al lloc on he passat els darrers quaranta anys de la meva vida. Entre aquelles parets he buidat totes les meves il·lusions per construir les il·lusions dels altres. He rigut, he plorat, he patit i he gaudit d’una feina que m’ha omplert cadascun dels dies , que m’ha esgotat i desballestat mil vegades, però que per sobre de tot m’ha fet sentir viu i m’ha donat mil raons per seguir endavant.

Vaig recordant les cares i els noms de tots aquells que han passat per aquí. De vegades em pregunto si se’n recordaran de mi, si la meva petjada va ser prou fonda per guiar-los més enllà d’aquestes parets. Suposo que és un dubte que sempre et queda en aquesta professió, sobretot perquè ells sí que t’impregnen amb petits detalls que et fan créixer com a professional i com a persona.

A la porta està l’Agustí, amb el seu somriure transparent rebent a tothom. És curiós com és d’important la persona que t’acull cada dia, sense paraules, sense compromisos. Només un “bon dia” afectuós que et fa sentir bé. Com sempre, molts estan a la porta, restablint els lligams i preparant un dia també especial per a ells.

La primera que m’ha vist ha estat l’Anna. S’ha deixat de la mà i ha sortit corrents per abraçar-me. Neguitosa, m’ha mirat als ulls sense dir res i ha tornat a marxar amb un gran somriure. Sovint, les emocions ens fan dir tot allò que volem expressar sense ni una sola paraula. Després, tots els altres m’han vingut a saludar, conscients que avui era l’últim dia que ens veuríem entre aquelles parets vermelloses de l’escola.

El dia ha estat molt emotiu, entre regals, celebracions, homenatges, etc. Però jo he estat com en un núvol, sense poder sentir realment què estava passant. M’haguès agradat dir tantes coses…, però en tot el dia no he pogut fer res més que somriure, com segrestat pels meus sentiments. Ha estat al final del dia quan m’he adonat del més important. Després d’acomiadar-me de tots aquells menuts, entre llàgrimes i rialles, un senyor d’uns quaranta anys s’ha apropat i m’ha ofert una abraçada d’aquelles que t’arriben al fons de l’ànima. Confús, he buscat al seu rostre alguna senyal que em digués qui era aquell bon senyor i per què venia a acomiadar-me tan emocionat en el meu últim dia. Finalment he reconegut aquells ulls plorosos, no m’ho podia creure, era el Pere Casanovas, un alumne que havia tingut el primer any. Recordo que molts companys meus em deien que aquell nen no faria res de bo, però jo confiava en ell i li deia cada dia. Cada dia li repetia que ell era important i que si lluitava aconseguiria tot allò que es proposés.
Mai oblidaré les paraules que m’ha dit a cau d’orella, realment, són el sou que sempre he estat esperant:

– Gràcies mestre.

Jordi Bermúdez Martos
23 Abril 2010